Entrevista de Jonás Ballenero a José Fernando Marquín

JB: ¿Cómo y por qué se inició Ojotravieso (OT)?

JFM: Todo comenzó por accidente y como producto de un momento, que no sé si llamar histórico. Ni siquiera sabíamos que íbamos a comenzar OT. Estábamos en Bogotá, reunidos hablando sobre la exposición El Traje del Emperador, específicamente de lo mala y absurda que fue esa exposición y de pronto salió la propuesta de escribir sobre esa exposición. Recuerdo que usted ya había escrito algo en un bloc de notas y luego revisamos el primer texto y se envió a los pocos contactos que se tenían en ese momento.

Nos llamaba la atención lo deficiente de la crítica de arte en Colombia. La verdad había muy poco espacio en los medios de comunicación, sobre todo en los periódicos. La prensa de Bogotá sí tenía columnistas dedicados a este aciago oficio, personas del medio que escribían continuamente. El problema es que muchas de estas personas eran los mismos curadores u organizadores de las exposiciones, lo que ponía en duda su capacidad crítica.

Lo otro importante era el momento que vivíamos en el país, sobre todo en las regiones. Por lo general, en la capital no se sienten los problemas como en las provincias. Por ejemplo, el suroccidente colombiano estaba viviendo la peor crisis de su historia, a nivel económico, social, cultural, político y artístico.

Como le dije, nada de esto estaba planeado. Lo único era resistir desde la crítica a toda una serie de situaciones y circunstancias anómalas y perversas, que lamentablemente parece que se convirtieron en costumbre. Lo que veo, al paso de los años, es que todo empeoró.

Todavía estamos en crisis. La cosa como que es peor. Los espacios de crítica en los medios impresos parece que desaparecieron. Los comentarios parecen más columnas pagadas por los artistas y las instituciones que verdaderas tribunas de debate y de construcción de opinión. Casi que todo se reduce a la web y allí la cosa no parece mejorar mucho…

JB: ¿Con cuántos contactos comenzaron?

JFM: No eran más de 50. Recuerde que el internet, en ese momento, era cosa nueva y muy poca gente tenía acceso al mismo… además teníamos un clon nuevo y más avanzado con una velocidad 333 Mhz…

JB: Sin embargo ya existía Columnadearena de José Ignacio Roca, ¿esto inspiró OT?

JFM: En cierta medida si fue un referente, más que una inspiración. No nos convencía mucho lo que publicaba Roca. Además de su ambigua posición de “crítico independiente” y funcionario público. No se puede ser juez y parte, ángel y demonio. Los roles y los intereses pueden confundirse. Y se notó más desde el inicio de OT. Apenas publicamos “El Rey Desnudo“, los reyezuelos se desnudaron.

JB: Sí. Allí comenzó la primera polémica, pero ¿qué pasó internamente en OT?

JFM: Nosotros estábamos primero aterrados y fascinados, por la cantidad de personas que comenzaron a escribirnos y después cagados de la risa por la polémica que suscitó esa primera publicación. Nos dimos cuenta de lo precario que era el medio, de lo sometidos que estamos a los entes gubernamentales e institucionales, de la falta de crítica en Colombia, sobre todo de crítica seria e independiente, en fin de lo que eran y lamentablemente siguen siendo las artes plásticas en Colombia.

JB: ¿Por qué se aterraron por las personas?

JFM: Pues fue algo sorpresivo, más que aterrador. La verdad, como todo comenzó sin ningún propósito ni planeación, pues no esperábamos ninguna respuesta, ni siquiera de los comentaristas u organizadores del evento. La idea era más expresar cosas que pensábamos y sentíamos, entre unos pocos conocidos. Pero esto se volvió una bola de nieve. De pronto comenzó a crecer y gente que no conocíamos nos comenzó a escribir y a felicitar. Para redondear, le cuento que pasamos de 50 direcciones a alrededor de 2 mil, en menos de un año. ¡Fue un boom! Nos escribía gente que usted ni se imagina y nos decían cosas que tampoco se imaginará…

JB: Después de ese boom inicial, ¿Cuál fue el devenir de OT?

JFM: Apareció una vieja y querida amiga, María Libreros. Ella nos acompañó con varios textos, pero desapareció misteriosamente. La última vez que se le vio, fue en el pasaje Zamoraco comprando unas medias. Lamentamos mucho su desaparición, esperamos que la liberen algún día.

JB: Si, María fue muy especial y tuvo un papel importante…

JFM: Si, le daba un toque diferente, que no podría decir que más femenino.

JB: ¿Por qué OT le daba tanto garrote a Miguel González?

JFM: No es así. Fuimos críticos con las emisiones desmesuradas del poder en el campo de las artes plásticas porque podíamos percibir con claridad las intenciones y los intereses que movían a muchos y a muchas de sus protagonistas. Nos cansamos de ver tanta “ingenuidad” en el campo del arte, tanto conformismo y tanto comité de aplausos. ¡Qué falta de rigor, cuanta ignorancia y complacencia!
Pero que quede muy claro que no se trataba de darle garrote a nadie, sino cuestionar a quien se lo merecía en su momento. Que no se hagan falsos protagonismos, ni mártires. Y usted, ¿qué me dice?

JB: La verdad, al señor González no lo conozco sino por referencias y por sus actuaciones. Y hacía unas cosas muy dudosas, sobre todo para una persona con tanta trayectoria e importancia para el medio artístico local. Pensaba que era un ser especial, no porque fuera relevante, sino porque era único, único en el sentido que no había nadie más…

JFM: … concentraba mucho poder y de manera innecesaria. Pensábamos que las exhibiciones no pasaban de Cali y los artistas vivían un estancamiento con cara de encantamiento. Lo que no alcanzamos a visualizar es que en el futuro algunos otros se aprovecharían de la escena y el deterioro continuaría en aumento, después de la desaparición de varios escenarios públicos cuando el poder se concentró, ya no en una persona que era parte del medio, sino en grises burócratas. De lo de Miguel también se encargaron los dirigentes de la cultura local y nacional y sus contradictores. Creo que para las clases dirigentes locales es mejor concentrar todo en una persona, para controlar así mejor la producción y difusión de las artes…

JB: ¿Por qué cree usted esto?

JFM: Claro. Más claro que el agua. Las artes son muy “peligrosas” para el establecimiento. Realmente pueden mover los cimientos de una sociedad. Así que hay qué controlar la producción y la difusión artísticas, no sea que la gente piense o sienta y se dé cuenta de lo que pasa en las honduras y en los intersticios de la sociedad. Por eso se cambiaron los planes de estudio de las instituciones educativas y se cerraron salas de exposiciones al final de la década de 1990. Lo que hay que tener es artistas dóciles y fáciles, que nos diviertan, que nos decoren, que nos hagan creer que pensamos, pero sin ningún esfuerzo. Todo es una apariencia muy bien creada, como lo es esta ciudad (Cali) y este país (Colombia). Por qué no decirlo, este planeta…

JB: ¿Todo es ficción?

JFM: Bueno, no todo. Pero sí mucho. No creo, como dice Camnitzer, que la educación artística en sí sea un engaño. ¡Tampoco! Creo que más bien, él nos quiere engañar con eso. Es un viejo cuento que nos quiere echar y aún no me convence. No. El problema es otro. El problema no es el arte sino las instituciones y programas artísticos (educativos, gubernamentales, estatales y privados). Lo curioso, chistoso y triste es que todo esto lo denunciamos en OT hace más de una década. No creo que la situación no haya cambiado. Claro que cambió. ¡Empeoró! Mire usted el Salón Nacional de Artistas. ¡Qué farsa! ¡A eso ya ni le hacen bulla! Claro, mejor no hacerle bulla, porque nos daríamos cuenta del fiasco. Así que el problema no es el arte o sólo la educación artística. Es toda la institucionalidad, todas las burocracias artísticas. No es que no haya políticas. Es que las políticas son perversas y mal intencionadas…

JB: Si todo está peor, ¿por qué se acabó OT? ¿por qué no siguió en su crítica al arte y sus instituciones?

JFM: La verdad, no sé bien cómo terminó OT. De pronto se dejó de escribir y se dejó de publicar. Creo que la desaparición de María Libreros nos afectó mucho, casi sin darnos cuenta, y mucho más de lo que pensamos. También creo que todo terminó como empezó, por azar, por accidente…

JB: ¿Regresará OT?

JFM: ¿Regresará?…


41 SNA: Entre el Falso Positivo y la Narco Cultura (¿Al Final No Será lo Mismo?)

¡Qué mejor colofón para el 41 Salón Nacional de Artistas que la Operación Perfumadita de Marta Minujín! Un evento que cambió y recortó su recorrido tres veces, pasando de ser una marcha apoteósica a una desordenada comparsa de algunos estudiantes, unos que otros miembros de la comunidad artística local, uno que otro transeúnte desprevenido, ni siquiera digna de una feria de pueblo. Finaliza con más pena que gloria un mega evento que parece como siempre reflejar en sus intestinos lo que pasa en este país. Porque el Salón Nacional de Artistas es más que un termómetro del arte nacional; es la metáfora viva de Colombia.

14 sedes, más de 300 artistas entre nacionales e internacionales, público a borbotones. Las cifras son bastante alentadoras. Sin embargo, ¿lo cuantitativo es cualitativo? Sería bueno mirar en detalle las cifras y si corresponden a los mínimos criterios de calidad para tan pomposo evento.

El 41 Salón Nacional de Artistas se articuló con base en las 17 curadurías regionales, de las cuales, según los documentos de comité curatorial, emanaron 3 ejes de reflexión, a partir de los cuales se invitaron a diferentes artistas del país y del extranjero. En primer lugar, sería bueno revisar qué sentido tiene hacer una convocatoria nacional de curadurías regionales en un país que se precia de formar artistas y que no forma curadores, ni críticos, ni dealers, ni galeristas, ni periodistas culturales, ni nada que se parezca, por lo menos en la dimensión y con el énfasis que se requiere. Por tradición, la mayor parte de los “curadores” nacionales son personas que han asumido desde el más parroquial empirismo la labor de curadores y se han forjado en estas labores a golpe de martillo y cincel. Ahora bien, si esta es la convocatoria nacional y si en regiones apartadas difícilmente encontramos “artistas”, imagino que con mayor dificultad encontraremos “curadores”.

Muy seguramente conscientes de la deficiencia del medio, nuestro magno Ministerio de Cultura programó sendos talleres de fin de semana para formar a los “curadores” participantes del 41 SNA. ¿Será que se pueden formar curadores en 5 o 10 fines de semana? Lo dudo mucho. Los resultados así parecen demostrarlo. En términos generales, las tan mentadas curadurías regionales se asemejan más a gabinetes de curiosidades de siglos pasados que a propuestas serias y articuladas con planteamientos serios e investigaciones sustentadas. Es así como producciones culturales de comunidades indígenas o marginadas (que no por ello son menos interesantes) se ven acompañadas de producciones artísticas “contemporáneas” en lo que vallecaucanamente podemos catalogar como “sancochos curatoriales”. Para completar el adefesio, muchas de las obras carecen de los mínimos valores para ser consideradas “buenas”, ya que tienen problemas técnicos en su ejecución y montaje: inflables desinflados, plotters caídos, piezas artesanales museificadas sin un sentido mas que un esteticismo de señora de abolengo, etc. Pero el problema no es de los “curadores regionales” (se podría acuñar un término similar al de pintor de domingo: curador de fin de semana) ni de los organizadores regionales. El problema radica en una convocatoria ministerial miope y fantasiosa que cree que en este hermoso país los curadores salen debajo de las piedras o que ser curador es escribir bonito y saber clavar puntillas en las paredes y que los cuadros no queden torcidos. De otro lado, ¿qué pasa con los artistas? ¿El Salón Nacional de qué es? ¿De artistas o de curadores? Todo parece indicar que le debemos cambiar su razón social.

Otro aspecto a tratar sería ¿por qué hablar de “curadurías regionales”? ¿Acaso el modelo curatorial sólo es posible por regiones? ¿No sería más interesante plantearlo por problemáticas artísticas? La cuestión es que nos enfrentamos a un curioso híbrido creado a partir de las discusiones de finales de los 90 sobre el Salón Nacional. El híbrido tiene dos progenitores, de un lado nuestro apreciado Salón y del otro el fracasado Proyecto Pentágono (que terminó siendo un triangulito). Qué curioso, cuando se quiso implementar el modelo curadurias este fracasó y sin embargo, sobre este fracaso construyeron este salón “ni chicha ni limoná”… Qué curioso, Javier Gil estaba seleccionado entre los curadores del fracasado Proyecto Pentágono… Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro. ¡Lleva una memoria en tu corazón! (campaña de JBA).

Difícil labor la del comité curatorial. De un lado recibir a su cuidado el curioso híbrido en que han convertido al Salón Nacional de Artistas de Colombia y por otro lado proponer algo medianamente interesante para complacer, satisfacer y alimentar a la burocracia artística nacional e internacional. Si sus reflexiones se basaron en este panorama dantesco ¿qué se podría esperar a nivel de reflexión seria y crítica como propuesta curatorial? Del sombrero de un mago parecen sacados los ejes curatoriales: Imagen en Cuestión, Presentación y Representación y Participación y Poética. ¿Acaso no son estos lugares comunes de las reflexiones básicas del arte? ¡Salida olímpica y de saltimbanqui! Ya imagino a los miembros de dicho comité haciendo genuflexiones y ejercicios de calistenia antes de cada reunión, y ya entrados en el ring, haciendo malabares en la cuerda floja y dando saltos mortales con caídas en las pestañas. Lo cierto es que como ejes curatoriales los escogidos dejan muchas dudas. ¿Acaso no son cuestiones de la imagen la presentación y representación o la participación y la poética? ¿Acaso cuando hablamos de participación en las artes no hablamos de representación, presentación e imagen? ¿No es lo poético una característica substancial de la actividad artística? Si esto es así ¿Qué determina que una obra o un invitado estén en un eje y no en otro? ¿Para qué hacer énfasis sobre lo que debe estar determinado de antemano? ¿Será que justificar lo justificado no es una manera de ponerse en la barrera antes de que salga el toro? ¿No será que el toro es una ovejita disfrazada? La verdad, al visitar las diferentes sedes y las diferentes salas las propuestas curatoriales se vuelven difusas y confusas. Pero bueno, qué se puede esperar ante una convocatoria desfasada y unas propuestas curatoriales regionales tan deficientes ¡que entre el diablo y escoja!

Si algo vale la pena destacar es que se rescató la figura de los artistas invitados, ausentes en versiones anteriores del salón. Es indiscutible que muchos de los invitados nacionales y extranjeros aportan significativamente al evento, pero hay qué decir que no todos. Muchas de las obras de los artistas nacionales ya habían sido vistas y revisadas en diferentes contextos. ¿Por qué volverlas a presentar? ¿Qué aportaron en este contexto del 41 SNA Astudillo, Franco, Alcántara Herrán, Caro, sólo por citar algunos? Además, muchas de las obras de los artistas internacionales han sido vistas muchas veces en eventos internacionales (Jaar, Camnitzer, Minerva Cuevas, la lista es larga). Otras se ven perfectamente en youtube (Andrea Fraser, Francis Alÿs). ¿Qué aporte hace la desprolija sensiblería de Linda Matalon? ¿Qué aportó la bucólica acción de Rosenfeld? ¿Y la Operación Perfumadita? ¿Y el Coming Soon de Judi Werthein? ¿Y qué decir de Marcelo Cidade y JAMAC como representantes del arte brasilero actual? ¿Y las fotos de la arquitectura narco del Luis Molina-Pantin? Además, se invitaron jóvenes “artistas” como Raquel Harf, Giovanni Vargas (con dos espacios), Ana Millán, Nicolás Gómez, Nicolás París que poco o nada tienen qué hacer bateando con las grandes ligas. ¿Por qué se dejaron por fuera a artistas de larga trayectoria, algunos ganadores de versiones anteriores del Salón?

Para que no digan que todo es malo, un breve recuento de cosas que a mi entender valen la pena: Danilo Dueñas con una estupenda instalación, el remake del Yumbo de Alicia Barney, la instalación de Elías Heim, el trabajo de Liliana Angulo, la video-instalación de José Alejandro Restrepo, el homenaje a María Teresa Hincapié, los tableros de Santiago Cárdenas convertidos en una instalación impenetrable, la instalación de Juan Fernando Herrán sobre el proceso 8.000, la obra impecable y silenciosa de Pablo Van Wong, las fotos de Gabriel Valansi y el señalamiento a la “estética urbana” de Popular de Lujo (faltará alguno que otro que se me escapa antes del cierre). Capítulo aparte, mención y premio (si lo hubiera) merece la impecable, contundente, acertada y grata instalación de Rosemberg Sandoval titulada Emberá-Chamí y que estuvo en el Museo de La Merced.

“Menos es más” (¿recuerdan?). Y ¿no será que muchos menos, con menos presupuesto, con mayor rigor, sin tanta ostentación y tanto despilfarro se ha podido hacer más? Si, porque lo que encontramos en este 41 SNA que termina es una ostentación y un despilfarro dignos de aquellas fiestas de los capos de los carteles de la droga de antaño. Este 41 SNA es una fiesta excesiva que además no fue tan divertida. Eso sí, muy variada y variopinta. ¡¡¡Había pa todos!!! Es aquí donde se unen los extremos, que final pueden ser lo mismo. En época de “seguridades democráticas”, las cifras del 41 SNA se parecen a los informes del “Santos de la guerra” en donde se genera una “percepción de tranquilidad”. O mejor aún, este 41 SNA es un “falso positivo” que nos genera un ambiente de cordialidad y santa paz. Del otro lado podemos comprobar como la narco cultura nos ha penetrado hasta el tuétano y cómo volvemos festín y bacanal nuestras sacrosantas fiestas patronales. De todos modos, igual no va a pasar nada. No pasó con las discusiones del final de los 90 y menos va a pasar ahora. A menos que, como comunidad artística tomemos una postura decidida y clara sobre las autoridades de determinan las artes del país.

 

Jonás Ballenero Arponero


publicado en: [esferapública]


¡Por Fin una Buena Estafa!

Me cuentan que hace unos años irrumpió en el panorama cultural de la ciudad de Cali un extraño personaje. En aquel entonces propuso a los incautos y poco conocedores habitantes de la ciudad un proyecto de “intervención plástica urbana” con el nombre de Ciudad Blanca. Este proyecto, matizado por lugares comunes como el blanco como símbolo de paz (¿y por qué no del perico que abunda en nuestra calles?), “la sensibilización de la especie humana” y “un arte para la gente” puso en evidencia el sentido seudo-mesíanico del individuo en cuestión. El susodicho proyecto constaba de llenar de pasacalles, pendones, afiches murales y otros accesorios publicitarios la ciudad, además de una ridícula acción de “sanar”, con toda la parafernalia paramédica, la estatua de Sebastián de Belalcázar, fundador de la ciudad. Cuentan las buenas lenguas que este faraónico y ego-maniaco esperpento costó la bobadita de $400 millones, entre los cuales no se suma los honorarios de cerca de mil colaboradores. De las mismas fuentes se supo que más de la mitad de los materiales para la ejecución de este proyecto reposaron en un oscuro y olvidado salón del Instituto Departamental de Bellas Artes, hasta su extraña desaparición. El resultado: una ciudad más sucia y menos blanca, el descontento y desconcierto de la comunidad artística en general y la impunidad. Porque, ¿qué mayor crimen que botar a la basura tal cantidad de dinero y aprovecharse de la buena voluntad de tantas personas? ¿Cuántas escuelas u hospitales se hubieran podido dotar con los dineros y esfuerzos malgastados para satisfacer los caprichos y sueños de grandeza de una persona?

Hoy, Liliana Villegas Jacdeth, el nombre de nuestro misterioso personaje, vuelve a sorprendernos con su capacidad para el absurdo, su ego desmedido, su ambición y voracidad sin límite. Presenta Mecenas Siglo XXI un proyecto donde ella se presenta como una empresa y/o artista (nunca se define) que cumple las veces de intermediario y/o artista entre algunas empresas e instituciones acreditadas en la ciudad de Cali, donde se destaca la alcaldía de la ciudad como patrocinador, que encargan una serie de pinturas, que deben ser ejecutadas por artistas y/o ayudantes y que al final serán acreditadas como “obras de arte”. Muchas dudas me asaltan frente a este proyecto que quiero plantear en forma de preguntas abiertas a la autodenominada artista, con el fin de plantear el debate que no se presentó en el foro que acompañaba este proyecto, del cual se ausentaron, antes del inicio y durante el mismo, los pocos asistentes que algún aporte significativo podían hacer:

    1. ¿Por qué considera Usted este proyecto una obra de arte?

    2. Teniendo en cuenta el debate sobre el proyecto Viaje al Fondo de la Tierra de N. Ospina y el artículo correspondiente de J. Roca, donde plantea las figuras de coautor y subejecutor ¿Qué papel pretendía usted que cumplieran las personas que ejecutaron los pedidos de las empresas?

    3. ¿Qué diferencia hay entre la labor que usted cumplió y la de un gestor cultural?

    4. ¿Sabía usted que para que un mecenas de los siglos anteriores contratara a un artista este debía estar debidamente acreditado por la liga correspondiente de su región o ciudad? ¿Tiene usted esta acreditación? ¿Dónde y cómo la obtuvo?

    5. ¿Qué autoridad moral, ética, estética y artística le otorga el poder de certificar cualquier objeto del universo como “obra de arte”?

    6. Afirma usted que los artistas participantes tienen una amplia trayectoria y un gran reconocimiento en el medio ¿Cómo se explica que muchos de ellos han egresado en los últimos dos años de las instituciones académicas de la ciudad y haya entre los mismos al menos un estudiante?

    7. Al revisar los resultados de sus investigaciones de mercado y de impacto del proyecto se encuentra como factor de evaluación “artículos artísticos que consumen las empresas” ¿Entre estos podemos contar los lápices, el papel periódico y los marcadores, comunes a las actividades empresariales y artísticas? ¿Por qué este y la mayor parte de sus instrumentos de evaluación son cuantitativos y no cualitativos?

    8. ¿Cómo explica usted que se afirme que la presentación de su proyecto en las empresas haya tenido una aceptación de 97% pero solo el 20% de las mismas se comprometiera con el mismo?

    9. Si cada empresa aportó una cifra millonaria para la realización de este proyecto ¿Cómo explica Usted que a cada pintor participante se le cancelara como honorarios $350.000.?

    10. Frente a la mala calidad de las pinturas ejecutadas y su compromiso empresarial y social de entregar obras de arte ¿Cree usted que su proyecto ha tenido éxito?

A las claras se ve que nuestros empresarios y dirigentes ni siquiera leen Soho. De ser así, seguramente hubieran invertido su dinero adquiriendo obras de los artistas que aparecen en el último número de esta publicación, muchos de ellos con propuestas muy claras y contundentes, y no hubieran sido timados de manera tan inmisericorde. También se debe anotar la falta de autoestima, la pobreza mental y la falta de profesionalismo de los jóvenes que pretenden ser artistas, algo que señala directamente a las instituciones académicas.

 

Jonás Ballenero


publicado en: Ojotravieso


Réquiem

Hace ya varios años Colombia vivió un momento cultural muy grato en el campo de la plástica, por doquier galerías de Arte, muy malas o muy buenas, eran índice de la “buena situación” económica reinante. Suscitaban interés nacional e internacional galerías como Valenzuela & Klenner, El Museo, Arte 19, Garcés y Velázquez, Luis Pérez, Jenny Vilá, etc.., que se comprometieron con el arte joven y promovieron sus artistas con mística y denuedo sin par. Otras como, Dinners, Fernando Quintana, Tovar & Tovar, Elida Lara en Barranquilla continuaron sus proyectos con gran éxito y prosperidad. Constantemente se recibían visitas de curadores internacionales, se llevaban a cabo algunas ferias de arte internacional, se intentaba educar un público e incentivar el coleccionismo serio de arte, en un País que nunca había tenido grandes coleccionistas, y que en ese momento “florecía” económicamente por múltiples razones. Todos querían participar.

Los Salones Nacionales se convirtieron en semilleros de jóvenes artistas que aportaron soluciones creativas de gran intensidad a la plástica nacional,algunos de los cuales fueron apoyados por galerías de arte que creyeron en ellos y los estimularon a continuar, a la vez que promovían y difundían su trabajo, sirviendo de enlace con otras galerías e instituciones internacionales. Ser artista adquirió de pronto, un inusitado status en diferentes esferas de la sociedad colombiana. Todo parecía conducir hacia un futuro resplandeciente, con artistas colombianos aceptados y “triunfando” en el firmamento de la plástica universal, el sueño de Traba parecía materializarse. Propuestas, charlas, foros y seminarios dictados por artistas en plena producción creativa y por viajeros de profesión eran el pan nuestro de cada día. Un momento brillante cuando todo estaba por conocerse, había mucho que decir y además había dinero para escuchar. Todo acabó.

El sueño se vino abajo como el país mismo, se desmoronó el castillo de naipes y el mercado prácticamente desapareció junto con las galerías y los galeristas. Atrás quedaron los sueños de ensueño y el sueño de la razón nos dejo ver sus monstruos. Algunos galeristas intentaron ganar la partida viajando a ferias de arte internacionales representando a sus artistas de la forma más decorosa posible. Otros se dedicaron a satisfacer el gusto de los decoradores de interiores y de las señoras que adoraban angelitos, bodegones, paisajes y pinturita inn*. Otros desaparecieron sin que a nadie le importara y sin que nadie se diera cuenta. Otros se fueron a su casa.

Nunca se tuvo en cuenta el valor de algunos de estos galeristas que se atrevieron a mostrar arte contemporáneo, a mostrar en sus espacios privados propuestas más arriesgadas y lúcidas que las de los espacios amparados por el Estado. Su sacrificio, aparentemente, no sirvió de nada. Las galerías serias ya no pudieron hacer más por el arte contemporáneo, no pudieron seguir cubriéndole la espalda a los museos politizados y obtusos, los galeristas ya no pudieron seguir. Los que aún quedan tal vez se vayan pronto. Más aún con ese 16% impuesto al arte como articulo suntuario en un suntuoso país que no compra arte pero que se da el “lujo” de importar sus alimentos.

Este escrito está dedicado a las verdaderas galerías de arte de nuestro país , hoy en vías de extinción, esas que se comprometieron, que fueron valientes promotores y difusores del arte joven en un pueblo irremediablemente envidioso, amnésico y obstinado .

Igualmente, es importante dejar constancia, que fue bastante lesivo y pernicioso para la plástica, el “trabajo” desarrollado por muchas otras “galerías” que no desempeñaron su papel con la ética y compromiso requeridos, contribuyendo a desinformar y confundir a un público en formación, motivadas únicamente por la avaricia, la codicia y la ambición.

No sé, afortunadamente, que nos depara el futuro. Era necesario para mí hacer este reconocimiento a los galeristas serios de nuestro país. Lo único que puedo ver, es que hoy muchos de estos espacios ya no están o se van diluyendo lentamente. Vendrán otros tiempos mejores.

 

María Libreros


publicado en: Ojotravieso


Se Vende Sofá Barato

Del Salón Nacional de Artistas no se volvió a hablar. La lectura de las razones por las cuales debe acabarse o modificarse me hicieron acordar de un antiguo chiste. En él un señor se da cuenta que su esposa lo ha engañado con otro tipo en el sofá de la casa y por eso decide vender el sofá. Lo mismo parece suceder con el pobre salón. Si bien estoy de acuerdo que en los últimos eventos la calidad iba en descenso, él no tiene la culpa. Habría más bien que cuestionar los sistemas de organización, de selección y premiación. Para citar algunos casos:

Las últimas convocatorias incluían prejuicios como el trabajo por proyectos o el tema de la memoria vinculada al patrimonio (que coincidía misteriosamente con el tema de la última Bienal de la Habana). Si bien en las “capitales culturales y artísticas del país” podrían haber algunas pocas personas trabajando en estos sentidos, en las regiones más apartadas dudo mucho que eso estuviera sucediendo. Para completar, las convocatorias siempre llegan tarde, cuando llegan. Claro que se publican en diarios de “circulación nacional” o se envían a los “centros culturales y artísticos” de las regiones, pero parece que esto no es suficiente, ni se hace con la anticipación debida. En el último salón, con el tema específico de la memoria y el patrimonio, las convocatorias llegaron con un mes o menos a las regiones y a los artistas. Si se coloca un tema, ¿no se debería publicar con un seis meses o año de anticipo el mismo? Queda la sensación que el salón fue planeado para algunos pocos que por su trayectoria y obra podían participar.

En cuanto a la selección y premiación hay un “collar de perlas finas”. En alguna región el jurado conceptuó que se premiaba a aquellas propuestas que “cumplían con el tema propuesto”. Es así como el salón dejó de ser de arte y se volvió un evento de memoria y patrimonio en los términos exclusivos de la antigua Colcultura y su pléyade de jurados. Por fortuna para algunos premiados no participó Funes el Memorioso. Volvemos entonces a la falta de claridad entre las estrategias artísticas referentes a la imagen y los contextos de las obras. Además, si se tuvo en cuenta los “proyectos artísticos”, nunca se definió si estos deberían ser ejecutados o no. Es así como se vieron simples esquemas o pobres maquetas, en el caso de los regionales.

Por fuera del salón pero en otro evento similar, en Rojo sobre Rojo, un evento que privilegiaba la pintura como medio, se les ocurre traer como jurado internacional a la señora Catherine David que ha declarado públicamente su poco o nulo interés por este tipo de propuestas (con ese prejuicio hizo la curaduría de la Documenta X). Además, también demostró un sincero desprecio por el arte latinoamericano, al que considera anecdótico y melodramático. No sé si reír o llorar. Sin embargo me deja… pensando.

Volviendo al salón, parece ser que ahora lo van ha reemplazar con unas exposiciones curadas. Habrá que verlas. Sin embargo, algunas dudas me plantea este “nuevo esquema”. El salón fue vitrina para nuevas propuestas de algunos de los artistas jóvenes, reconocidos hoy. ¿Será que en estas exposiciones tendrán cabida nuevos artistas o simplemente se irán por lo conocido? ¿Qué nos asegura que las exposiciones propuestas serán de mejor calidad, si muy seguramente los artistas participantes serán los mismos de los últimos salones?

 

Moraleja:

Hasta que no se planteen ideas claras será muy difícil generar propuestas coherentes, tanto a nivel de la crítica como en la organización de los eventos.

 

Jonás Ballenero


publicado en: Ojotravieso


El Arte que Tenemos…

Los maestros budistas recomiendan no emitir juicios, para ellos solo basta con el relato, con la relación entre eventos de un mismo tiempo y con la historia. Sin embargo, este ideal de comportamiento, no basta para enfrentarse a lo que acontece con el caso de las artes de hoy, en Cali.

Comenzaré con el proyecto del Museo Vial, que se exhibe como exposición de cuadros en una hermosa casa por la portada al mar. Se trata de una iniciativa de carácter privado, acogida al parecer por el gobierno municipal de Palmira y en la cual se planea realizar una exposición permanente de 20 vallas con obras de 20 artistas de la región, ubicadas en un recorrido de tres kilómetros a lado y lado de la carretera que conduce del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón y la ciudad de Cali. Los realizadores del proyecto invitaron a los artistas de su galería y a algunas figuras destacadas de las artes. No sé exactamente a quienes, ni tengo en mi poder la lista original. Pero lo que si sé, es que la exposición carece de rigor en cuanto a la presentación, el montaje y la calidad de las obras. Una visita a la sede del evento me deja con serias dudas sobre si más de una de las obras merece ocupar un lugar en el espacio público. La verdad, no lo creo. Es muy delicado que se juegue con el espacio público de esta manera y que se altere el paisaje, no solo en lo físico sino también en lo mental, con un evento que tiene de por sí muchos desaciertos estructurales y sustanciales.

El primero sería su organización: No se tienen criterios claros sobre la calidad y condiciones del evento. No se tuvo en cuenta que no es lo mismo exhibir pinturas en las salas de una casa, en formatos pequeños y lo que es reproducirlas en una valla. Si es que se reproducen, con toda la disminución que esto implica en la calidad de las obras, porque no me van a decir ahora que es lo mismo un original que una reproducción ampliada ¿O no será mejor que cada artista planee su trabajo sobre este formato?

Como segundo punto tenemos la convocatoria. Si se desea resaltar los valores artísticos de una región, ¿quién tiene derecho de escoger a dedo y sin ningún tipo de criterio claro, a los representantes de la misma? Esto lo digo porque en la muestra hay trabajos que parecen ejecutados por aprendices regulares y otros que pertenecen a maestros consagrados en el pasado. ¿Quién dijo y por qué, que los convocados son los más destacados y representativos? Lo mejor del caso es que es el público (léase los cuatro gatos de siempre y los amigos de parranda de los artistas, quienes obviamente votarán por el que invita) es el que escogerá por “votación popular” lo que se va a exhibir. ¿Será este acto democrático el mecanismo ideal de selección? Este parece un claro fuera de lugar, una situación donde lo público y lo colectivo son decididos desde lo privado sin mucho tino. La mayoría de los artistas son pintores de tercera categoría con poco sentido del gusto y menos con sentido común. Las pinturas en su mayoría tienen, como común denominador, un color pobremente manejado y una técnica que deja mucho que desear. Hay un gran apego al cliché expresionista (ya han pasado casi cien años) y a un realismo academicista banal y fácil de digerir. Solo uno se salva, pero me reservo el nombre.

Correspondería a las entidades del estado o las organizaciones no gubernamentales realizar este tipo de proyectos, para evitar los manejos personalizados y arbitrarios de lo público. Sería el Ministerio de Cultura o las Gerencias Culturales del Departamento y los Municipios quienes lideraran este tipo de iniciativas. En el caso del Valle del Cauca, el Instituto Departamental de Bellas Artes, el Museo La Tertulia o el Museo Rayo (que ya tiene experiencia en este tipo de proyectos). Pero no. Ir hoy a cualquier entidad de las anteriormente citadas a presentar cualquier propuesta es como visitar a la llorona. “No hay presupuesto”, “no tenemos recursos”, “el gobierno no nos ha girado”, son las respuestas más comunes. Pero tampoco ejercen una actividad fiscalizadora, se mantienen encerrados en sus cuatro paredes (algunos sin techo). El estado es nuevamente impotente e inoperante. Las propuestas tienen impactos muy bajos y generalmente carecen de objetivos claros. Por ejemplo, en el Museo La Tertulia hoy podemos sufrir la muy desafortunada exposición de Miguel Bohmer, un joven de corte sin pena ni gloria, que continua realizando las mismas pinturas. Bellas Artes no programa nada en sus salas de exposiciones. La gobernación cerró la Sala de Ciudades Confederadas, que tampoco cumplió un mejor papel. Valdría la pena realizar una evaluación real sobre la calidad de la gestión de estas entidades y su aporte significativo a las artes de la región.

Para completar el panorama, la crítica de arte brilla por su silencio o por su debilidad. Lo único que se ha leído al respeto es el Zoom, de Carlos Jiménez, que se preocupa más por el tráfico del sector y las velocidades de los automotores que por la calidad del evento y de las obras.

Vale la pena recordar las voces de indignación y oprobio en contra por las esculturas ejecutadas por el “maestro” Lombana hace unos años y aún situadas en los parques y avenidas de la ciudad. Todos los citados gritaron al cielo, rasgaron sus vestiduras y retumbó en el infierno, pero nadie hizo nada ni logró nada significativo, no hubo propuestas que llenaran el vacío ni que hicieran un contrapeso real. Hay que destacar, eso sí, que en la actual coyuntura, por lo menos existen iniciativas que, como la de los organizadores del Museo Vial, que proponen eventos de este tipo, dando trabajo y esperanza a un grupo de personas que tratan de vivir de lo que pueden hacer, que hacen parte de este medio, pero que han carecido de una buena formación y de oportunidades. Los demás no tienen derecho a hablar. Solo limítense a ver el resultado de su incompetencia.

 

Jonás Ballenero


publicado en: Ojotravieso


Cosido Crudo

En Espacios Entretejidos solo se puede destacar la participación de Pablo Van Wong, José Antonio Suárez, Astrid Campo y Wilson Díaz (aunque el trabajo documental que presenta este último está más para una selección de fotografía). En las visitas que he realizado a la exposición no he podido encontrar los trabajos, ni referencias de las obras de Oscar Muñoz y Guillermo Marín, que aparecen en la lista de artistas seleccionados, publicada en el catálogo. Hay algunos trabajos como el de los Abderhanden (trajes de una de sus obras de teatro, acompañadas por unas fotos de pequeño formato, mal montadas y de dudosa calidad), que si bien son interesantes, carecen de sentido en una exhibición museística (vale la pena anotar que Rolf Abderhanden ha presentado trabajos más contundentes en torno al vestido, como el ganador de la pasada Bienal de Bogotá o aquel que participó en Generación Intermedia).

Los textos que acompañan la muestra tienen una particularidad interesante, aunque peligrosa: A diferencia de los otros textos de las diferentes exposiciones de Pentágono, carecen de referencias a los artistas participantes y sus obras, lo que por un lado permite una lectura abierta y entre líneas, pero también se puede caer en una no-especifidad que atenta con la misma lectura.

Dos preguntas me asaltan, que debo primero contextualizar con citas de los textos. En Posmodernidad y Moda se plantea:

“La moda se encuentra totalmente ligada al espíritu moderno en lo tocante a la negación del poder tradicional, al afán de lo nuevo, la celebración del presente y la afirmación de las libertades individuales. Ya Mallarmé la consideraba la diosa de las apariencias. Su lógica es la de la inconstancia, la mutación, la seducción y lo efímero. En Baudelaire percibimos ese tono que resulta completamente sorprendente al interior del contexto del arte. El poeta francés reivindica lo transitorio, lo fugitivo y lo contingente como un hecho estético. Frente a la belleza eterna y absoluta celebra la belleza de lo fugaz, lo circunstancial y lo artificial.

Lo que está en juego es este cambio de óptica es crucial: es un traslado radical en la concepción del arte y por tanto un cambio de preguntas, problemas y métodos para abordarlo. De un arte esencialista, situado en ciertos objetos privilegiados, nos habilita a pensar en un arte que se disemina indiscriminadamente en cualquier objeto, tiempo y lugar”. (pag. 218)

¿Para qué meter este “nuevo arte” en el tradicional y “poderoso” museo? ¿Por qué no pensar en otro tipo de “show”?

“Pasamos de miradas centrales y únicas a un universo de micro-diferencias individuales que respetan la singularidad de cada cual, así sean poco creativas u originales. Sólo una mirada superficial a la lógica-moda puede desconocerlo”. (pag. 220)

“La exposición no tiene un foco exacto, un problema particular que se trabaje, una toma de posición o una hipótesis a defender. Se ha concebido y diseñado como una apertura hacia los diversos puntos de encuentro entre lo artístico y la moda. […] La misma naturaleza del problema invita a una posición más abierta, móvil y dinámica, con diversas dimensiones y espacios de intersección. Los encuentros entre arte y moda comportan distintas dimensiones, unos procedentes de los viajes del arte a la moda y el vestido, otros de los viajes de la moda hacia el arte”. (pag. 256)

A pesar de lo dicho ¿Por qué se excluye a los diseñadores colombianos, a los trajes con cierto arraigo cultural (como los vestidos del carnaval de Barranquilla) o el prêt-à-porter (léase Lina Cantillo, Faride o Azúcar)? Parece que la mirada está propuesta en una sola vía: del arte a la moda.

  1. Hilando metáforas: el vestido y sus metáforas
  2. Co-siendo cuerpo: la moda y los nuevos destinos del cuerpo
  3. Arte de fin de siglo: Poéticas de enunciación y puesta en escena
  4. La otra moda: indumentaria en nuevos imaginarios y narrativas urbanas

Todas ellas profusamente ilustradas con ejemplos del “gran arte contemporáneo” internacional.

“Deja de lado múltiples perspectivas en torno al tema, que en el caso que nos ocupa sería lamentable, pues se trata de abrir sus distintas dimensiones para apreciarlo en su complejidad y multiplicidad. Esta consideración es fundamental, teniendo en cuenta lo inédito del tema en nuestro medio”. (pag. 256)

¿Al fin qué? ¿Se considera o no “nuestro medio”? ¿Cómo se pueden plantear estas categorías y la mayor parte de las obras seleccionadas relaciones con la situación social y política de Colombia?

Son muchas más la dudas, que la extensión me impide tratar hoy. Considero que si bien se ha hecho un esfuerzo y un trabajo interesante, Espacios Entretejidos deja mucho que desear.

 

Jonás Ballenero


publicado en: Columnadearena