Réquiem

Hace ya varios años Colombia vivió un momento cultural muy grato en el campo de la plástica, por doquier galerías de Arte, muy malas o muy buenas, eran índice de la “buena situación” económica reinante. Suscitaban interés nacional e internacional galerías como Valenzuela & Klenner, El Museo, Arte 19, Garcés y Velázquez, Luis Pérez, Jenny Vilá, etc.., que se comprometieron con el arte joven y promovieron sus artistas con mística y denuedo sin par. Otras como, Dinners, Fernando Quintana, Tovar & Tovar, Elida Lara en Barranquilla continuaron sus proyectos con gran éxito y prosperidad. Constantemente se recibían visitas de curadores internacionales, se llevaban a cabo algunas ferias de arte internacional, se intentaba educar un público e incentivar el coleccionismo serio de arte, en un País que nunca había tenido grandes coleccionistas, y que en ese momento “florecía” económicamente por múltiples razones. Todos querían participar.

Los Salones Nacionales se convirtieron en semilleros de jóvenes artistas que aportaron soluciones creativas de gran intensidad a la plástica nacional,algunos de los cuales fueron apoyados por galerías de arte que creyeron en ellos y los estimularon a continuar, a la vez que promovían y difundían su trabajo, sirviendo de enlace con otras galerías e instituciones internacionales. Ser artista adquirió de pronto, un inusitado status en diferentes esferas de la sociedad colombiana. Todo parecía conducir hacia un futuro resplandeciente, con artistas colombianos aceptados y “triunfando” en el firmamento de la plástica universal, el sueño de Traba parecía materializarse. Propuestas, charlas, foros y seminarios dictados por artistas en plena producción creativa y por viajeros de profesión eran el pan nuestro de cada día. Un momento brillante cuando todo estaba por conocerse, había mucho que decir y además había dinero para escuchar. Todo acabó.

El sueño se vino abajo como el país mismo, se desmoronó el castillo de naipes y el mercado prácticamente desapareció junto con las galerías y los galeristas. Atrás quedaron los sueños de ensueño y el sueño de la razón nos dejo ver sus monstruos. Algunos galeristas intentaron ganar la partida viajando a ferias de arte internacionales representando a sus artistas de la forma más decorosa posible. Otros se dedicaron a satisfacer el gusto de los decoradores de interiores y de las señoras que adoraban angelitos, bodegones, paisajes y pinturita inn*. Otros desaparecieron sin que a nadie le importara y sin que nadie se diera cuenta. Otros se fueron a su casa.

Nunca se tuvo en cuenta el valor de algunos de estos galeristas que se atrevieron a mostrar arte contemporáneo, a mostrar en sus espacios privados propuestas más arriesgadas y lúcidas que las de los espacios amparados por el Estado. Su sacrificio, aparentemente, no sirvió de nada. Las galerías serias ya no pudieron hacer más por el arte contemporáneo, no pudieron seguir cubriéndole la espalda a los museos politizados y obtusos, los galeristas ya no pudieron seguir. Los que aún quedan tal vez se vayan pronto. Más aún con ese 16% impuesto al arte como articulo suntuario en un suntuoso país que no compra arte pero que se da el “lujo” de importar sus alimentos.

Este escrito está dedicado a las verdaderas galerías de arte de nuestro país , hoy en vías de extinción, esas que se comprometieron, que fueron valientes promotores y difusores del arte joven en un pueblo irremediablemente envidioso, amnésico y obstinado .

Igualmente, es importante dejar constancia, que fue bastante lesivo y pernicioso para la plástica, el “trabajo” desarrollado por muchas otras “galerías” que no desempeñaron su papel con la ética y compromiso requeridos, contribuyendo a desinformar y confundir a un público en formación, motivadas únicamente por la avaricia, la codicia y la ambición.

No sé, afortunadamente, que nos depara el futuro. Era necesario para mí hacer este reconocimiento a los galeristas serios de nuestro país. Lo único que puedo ver, es que hoy muchos de estos espacios ya no están o se van diluyendo lentamente. Vendrán otros tiempos mejores.

 

María Libreros


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Fin De Lo Conocido. Transite Bajo Su Propia Responsabilidad

No me cabe la menor duda de la ceguera que acompaña a algunos cuando de lanzar convocatorias se trata y esta que ahora nos llega es una muestra más de la desatención, descortesía y desconsideración que se tiene para con los artistas y las artes plásticas en nuestro país por parte de los gobiernos. En esta oportunidad el “maltrato” viene de parte de los realizadores de la convocatoria al Premio Luis Caballero. Este premio, tan exitoso en su primera edición, ahora nos hace llegar la convocatoria para la segunda y hasta allí todo va muy bien, solo que hay un “pequeño detalle” al final de la lectura de la convocatoria, se advierte que el premio de los 30 jugosos millones al ganador… será entregado, ojotravieso aquí: ¡SIEMPRE Y CUANDO EXISTA EN EL IDCT LA DISPONIBILIDAD PRESUPUESTAL!!! Y lo mismo para la edición del catálogo general. ¿Díganme cómo se lee este despropósito? ¿Cómo se “planeo” esto? ¿Y si no hay recursos, qué?… entonces ¿No hay premio? … luego cómo se va a llamar el evento: ¿Luis Caballero? Porque se plantea la hipotética posibilidad de participar en un “premio” que no existe pero esta instituido y que depende de la voluntad de un funcionario X que es quien “dispone el presupuesto”… ¡válgame Dios! ¡Que falta de respeto con los artistas!!, Que improvisación por parte del distrito. En un país que anda tan pobre y no por culpa del arte, son los artistas los que pagan los platos rotos, porque ante la incertidumbre de un premio que casi podemos dar por sentado no se va a entregar, los artistas sin embargo participaran, asumirán el compromiso y cumplirán con el trabajo acompañados con esa inocencia, silencio, mansedumbre y docilidad que los ha caracterizado siempre y mientras tanto el IDCT no cumple porque no tiene disponibilidad presupuestal (ya estaba anunciado). Tan buen negocio ¿no?

Ya veo a los artistas corriendo, recopilando fotografías, pagando empastadas y fotocopias, copiando diapositivas y demás. Veo después a los escogidos preocupados porque la bolsa de trabajo aún no se desembolsa, fiando aquí y allá materiales, alquilando televisores o prestando para pagar transporte, molestando a sus amigos, para que les presten plata para los marcos y otras “cosillas” que surgen durante el montaje. Bueno, son 10 montajes = 10 comprometidos mártires penitentes que vivirán el calvario y solo uno llegará a ganar el “inexistente” premio que se convertirá en la crónica de un no-premio anunciado. Imaginen ustedes a los artistas advirtiendo que ellos realizaran su obra siempre y cuando exista la disponibilidad espiritual… Imagino el final: un solitario ganador recorriendo oficinas para saber donde esta su “premio”. El alcalde siempre quedará muy bien.

 

María Libreros


publicado en: Ojotravieso


A Veces Quema

Es en verdad una molestia tener que criticar tan duramente a artistas que a estas alturas del partido deberían estar más concentrados en la comprensión de sus propios procesos plásticos, con una producción mesurada por la madurez que brinda la experiencia de llevar trabajando, con éxito, muchos años en el panorama de la plástica nacional.

Tal es el caso de Ana María Rueda que ahora nos presenta su último trabajo en la Sala de Proyectos del MAM de Bogotá. Y es en verdad penoso ver como la repetitividad, el aburrimiento y la falta de rigor van borrando nuestra capacidad critica sin que nos demos cuenta.

En su exposición titulada: Fuego, Rueda nos deja ver muy obviamente, los efectos del fuego sobre la madera, los trazos, marcas y señales del hierro al rojo, con pequeñas alusiones a sus trabajos anteriores que se perciben en las formas orgánicas que pintaba antes con una gran sensibilidad, conocimiento del color y del gesto y que ahora se convierten en meras referencias formales, en tatuajes, donde la metáfora se vuelve de una simpleza que “chamusca” el buen sentido. No entiendo cómo, una artista no puede seguir los dictados de su propio trabajo con un poco más de naturalidad, extendiendo el alcance de sus encuentros, dejándose sorprender y aprovechando la sorpresa en beneficio de su creación, tratando así de discernir los caminos claros que le plantea el proceso mismo en los momentos de lucidez. No se entiende cómo, prefiere seguir los trazados rutinarios y decide hacer analogías obvias y aburridas con el fin de situarse en el campo de lo que se cree “contemporáneo”. Y es allí donde me pregunto: ¿De dónde sale esta intención generalizada de convertirse en “artistas contemporáneos” a las malas, intentando en vano, hacernos creer que con el simple hecho de cambiar de materiales, hacer algunos arreglos de carácter mecánico en el ejercicio de la forma , pintar de blanco o de algún color neutro incluyendo el verde hospital buscando “crear un espacio” tipo Artforum, todo esto articulado a una “no-elaboración” aparente, inmediatamente va a producir la sensación de “siglo XXI” y por supuesto la idea de contemporáneo? El arte contemporáneo pero sobre todo el arte, necesita de grandes dosis de pensamiento, acción e inteligencia. Estos para nuestro momento histórico deberían ser bastante más complejos, contundentes y agudos, que la simple “puesta en escena” de un proyecto cargado de formalidades bastante reconocidas y reconocibles. Cuando te juegas las cartas del simulacro debes saber que juegas con fuego y que el fuego quema si no lo sabemos controlar.

Sí, es madera de árboles que tienen gran valor para la artista, Sí, es madera y el fuego la hiere y la quema y deja su huella. ¿Y qué hay con eso? ¿Pasa algo más? ¿Hay espacio en esa obra para divagar y reinterpretar? ¿Hay espacio para hacer alguna oportuna y valiosa relectura estética más allá de la literalidad y lo muy puestos que están todos esos cortes de madera en el interior de un museo? Todo muy limpio, todo “aséptico”, decorado blanco, bien “puestecito” y ya. ¿Y del arte qué? Algo falló o faltó aquí.

Hay que pensar y trabajar un poco más, se requiere gran intensidad, el lograr incitar con el trabajo, que al fin y al cabo siempre será el producto del amor, la investigación y el rigor durante el desarrollo de los procesos y realización de las ideas. Sería muy bueno subir al tercer piso. Ya va siendo hora de exigirle más a los buenos artistas y exigirnos más como espectadores. Me iba olvidando de los curadores…

 

María Libreros


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